Descargar el artículo
Todos nuestros personajes han sido creados por nosotros mismos, por nuestro Ego (Espíritu o parte eterna de nosotros). Dicho de otro modo, el bueno, el malo, el feo, "el enemigo"... son personajes que imitan a la perfección lo que somos, son exteriorizaciones de nuestras tendencias internas. Pero, entonces, ¿Quién es el enemigo? Desde este punto de vista, el enemigo es parte de no-sotros. Por un lado expresa aquella tendencia negativa que inconscientemente nosotros tenemos en estado latente en nuestro interior, aquella forma de actuar incorrecta, que va en contra del programa divino de nuestro Ego, y que nos negamos rotundamente a reconocer como nuestra, perjudicándonos seriamente a nosotros y a nuestros semejantes; y por otro lado, nos pone delante de los ojos nuestra propia creación, es decir, en vidas pasadas nuestra forma de actuar generó ese enemigo, y ahora la vida nos pone frente a él para que resolvamos ese conflicto. Y eso solo puede hacerse amándolo, haciéndonos perdonar y perdonándolo. Si nos revolvemos contra él, si entramos en disputas, peleas, tribunales, etc... estamos volviendo a crear nuevas deudas kármicas y, con seguridad, volveremos a encontrarlo (o él a nosotros) en otra vida haciéndonos la puñeta.
Resolver el conflicto supone, en un primer paso, entender que el enemigo ha sido generado por no-sotros. Despues hay que entender que aunque en esta vida no nos identifiquemos con él, si hicimos lo que él hace ahora con nosotros, es muy posible que lo volvamos a repetir. Por lo tanto, hemos de decidir no hacer jamás aquello que expresa nuestro enemigo, revisando nuestra forma de actuar con los demás. Como se puede ver, el amor al enemigo, supone hacer un esfuerzo por entenderle por imposible que parezca, ya que si nosotros actuamos así en otra vida, él tiene derecho a recordárnoslo. Por otro lado, debemos amarle porque él nos ayuda a resolver el problema, nos señala donde somos propensos a caer o donde hemos hecho mal. Si pasamos de él, si le ignoramos, si pensamos que no tiene nada que ver con nosotros, si nos enzarzamos en peleas y disputas, habremos matado al mensajero, el conflicto seguirá: lo resolveremos de momento, pero nos lo encontraremos más adelante, cuando menos lo esperemos. En cambio, entender al enemigo, quitar el mal de nuestro interior, "amar al enemigo", supone resolver el conflicto para siempre. |