Descargar el artículo
EL AMOR A LOS ENEMIGOS
Por Leo Kabal
"Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero Yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen."
Mateo 5. 43-45
Palabras duras son estas para ser oídas y muy difícil de poner en práctica. Hasta entonces no se había oído nada semejante. Lo que se repetía hasta la saciedad era algo semejante a: "Dios mío, fulmina a mis enemigos, extermina a los que me persiguen y calumnian". No en vano, cuando estamos a punto de dar carpetazo al siglo XX, aun no hemos aprobado esta asignatura.
Amar al enemigo es algo que va en contra de nuestras costumbres, de nuestra forma de ser; pero si Cristo no hubiera sabido lo que dicha frase encerraba, jamás la hubiera pronunciado. Si Cristo no pensara que cuando seamos capaces de sentir de esa forma es que, probablemente, habremos llegado al último tramo del sendero, nunca la hubiera dicho. Si Cristo no hubiera creído que, aunque difícil, era posible llevarla a la práctica, jamás nos hubiera aconsejado obrar así. Pero, aunque estamos dispuestos a conceder muchas cosas a nuestros enemigos, incluso el perdón, si llegase el caso, amarlos es harina de otro costal. Nuestro amor no estamos dispuestos a desperdiciarlo en alguien que no le gustamos ni un poquito.
Confieso que me he sorprendido muchas veces meditando sobre dichas palabras de Cristo. ¿Por qué diría aquello? ¿Qué sentido tenían esas palabras?
Pero era muy difícil encontrar una respuesta satisfactoria: ¿Cómo puede uno amar al que se empeña en hacerle la puñeta?
La cosa cambió cuando entendí que nuestra vida es una obra de teatro, no es la realidad, vivimos representando un papel en que |